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viernes, 28 de mayo de 2010

El viaje hacia aquél lugar olvidado a orilla de la playa

Era una noche tranquila, hermosa y espantosamente aburrida, me encontraba en mi casa solo, con un sentimiento de inconformidad, ninguna ida a una fiesta, ningún plan para armar una reunión, o por lo menos una buena plática. El momento se prestaba para una buena aventura, aunque, en mi caso, sería más bien,un incidente extraño.

Después de dirigirme hacia la playa, un pescador, me retó a que visitará aquél lugar deshabitado, cerca de la playa, más exactamente en la orilla de ésta; aunque la apuesta no tenía nada de interesante, la excursión hacia aquél lugar era un llamado a la adrenalina.

Durante la travesía, nada fuera de lo normal sucedió, todo transcurrió sin problemas.

Como una luz destellante en medio de la oscuridad, se imponía cuál general romano, con una presencia omnipotente, estática, lúgubre, impresionante. En su tiempo albergo curiosas historias de vida, verdaderos víacrucis, escenas esperanzadoras y un cumulo de sentimientos que quedaron impresos intensamente en este lugar.

A punto de abordar ese edificio, logre ver en el horizonte a un barco, sus luces lo alejaban del olvido, aunque no había nada de interesante en ello, con el tiempo entendí que la vida te da señales para que recapacites lo que vas a hacer, para que te des a ti mismo "opciones".

El lugar destilaba un halo de misterio, el ambiente era inquietante, un ulular repentino recorría los pasillos tan rápido que tu mente lograba des-balancearse, aquí es donde la locura tiende a revelarse, en los momentos de calma, la locura reina.
A cada paso que avanzaba, los ecos de personas surgían continuamente, es curioso, son como pequeños fragmentos sónicos que quedan incrustados en los objetos, se emiten cuándo un silencio total se adueña del lugar, por tal razón nuestros sentidos se han vuelto tan inútiles, somos bombardeados continuamente por tantas emisiones, no solo sónicas, también visuales, táctiles, de-gustativas y olfativas.

Un recuerdo inunda mi mente como un rayo veloz, aún recuerdo esa ocasión en que transmigre en la forma de un perro, aunque últimamente trato de olvidar esa experiencia, no puedo evitar recurrir a ella, la sensación de estar conectado a la naturaleza es una de las experiencias más hermosas que jamás haya experimentado, pero, debido a evitar problemas en mi futuro, lo mejor será visitar a alguien experto para que ayude a borrar tal suceso, para siempre.

Con gran pesimismo, llegué hasta la cima de la construcción olvidada, sin ningún problema, a pesar del ambiente pesado y una quietud plana, nada había fuera de lo normal. Unos drogadictos lograron asustarme de repente, fue tan sutil que la risa escapo sin previos aviso, estos sujetos me habían visto desde la playa, ahora entendía la atmósfera enrarecida, el humo que producían avivaba los sentidos, pero a la vez nos aturdía a todos. Con una porción de humor y decepción, me dispuse a irme, pero incluso antes de avanzar, la figura de un anciano obeso y chaparro me pidió lo siguiera hacia la alberca abandonada en la construcción.
Don Tano es un vigilante, el más macho de todos, según él. Nacido en el puerto de Veracruz, su apariencia lo delataba sin tapujos, sentía curiosidad ante mí persona, la mayoría de los visitantes que acudían al lugar, lo hacían para esconderse de la sociedad y practicar sus ritos urbanos, para buscar un lugar privado en el cuál perderse, o simplemente por diversión. Mis intenciones estaban en blanco, estaba muy receptivo, era como un lienzo limpio, dispuesto a entender, a aprender, a conocer cualquier cosa que logrará interesarme, un tipo emprendedor según él.
Pero antes de que logrará enseñarme, me contó tres historias para prepararme a lo que a continuación sucedería, no todos los días uno encuentra a un buen maestro y si se encuentra a uno, no todos son lo que afirman que son.
Don Tano, me contó estas historias que a continuación les muestro.

martes, 18 de mayo de 2010

¿Desde cuándo los gatos ríen a carcajadas?

Ya ha pasado tiempo desde mi ultimo encuentro con lo sobrenatural, bueno, no tanto; desde que me mude a esta tenebrosa casa, no logro conciliar el sueño, muchos pensarían que soy masoquista, pero en realidad, solo necesitaba un lugar donde tener privacidad.

Las continuas corrientes de aire transportan un sin numero de desconciertos: gritos, risas, llantos; el viento me provee de infinitas voces que recorren la colonia en busca de alivio.

La noche se vuelve más aterradora, un árbol se mece a merced del viento, cuál ritual pagano, logra desconcertar a todos los más próximos a su base. De súbito, una sombra aparece ante él, un desconocido que mira con atención la copa del árbol, ¿Quién es? ¿Porque esta aquí?

-Lo recuerdo-.
Es un ex-jugador de football, le rompieron la pierna unos sujetos hace ya unos años, desde entonces, deambula por las calles, su vida entera acabo por culpa de unos sujetos que por 30 pesos, lo condenaron a abandonar su sueño, ser jugador de football profesional.

Aún recuerdo ese día, yo estaba de visita en Tampico y escuché acerca de eso, no se publicó la noticia en los periódicos ni en la televisión, fue, según entendí, un asunto muy triste, nunca entendí porque no le dieron seguimiento a su caso, era un atleta destacado, uno muy prometedor. En esos días, fui a la playa a nadar y unos primos mencionaron el caso, al parecer lo asaltaron, le rompieron la pierna y ...¡lo mataron!

El sujeto me miró con gran pesadez, logre sentir su enojo, su rabia. Le arrebataron su vida, una vida que se antojaba prospera, fructífera, un futuro brillante.

La hora de dormir era muy tarde, las desveladas me consumían cuál vela ardiente, pero el sueño no aparecía, a pesar de tanta quietud después de tantos sonidos, había algo en el ambiente, algo raro.

El sueño llegó y todo se aclaro. Un nuevo día aconteció y al caer la noche, una vez más algo se presentó.

Todo sucedió a las cero doscientas horas.

Acababa de llegar a la casa tenebrosa después de cortejar a una mujer, mi éxito fue total, la chica me obsequio una noche placentera, un bonito momento para recordar.
Al introducir la llave en la puerta, esta cedió rápidamente, no hubo necesidad de siquiera meter la llave, así que con desconcierto ingresé dispuesto a todo, sabía que la colonia cerca de donde vivía era muy conflictiva así que ya había tomado mis precauciones. Antes de siquiera prepararme para una batalla, vi como mi padre veía la televisión, curioso, no había escuchado que estuviera el aparato prendido o visto el destello que genera este artefacto, antes de avanzar a él, logre escuchar que mi hermana pedía una toalla, me alegro saber que mi hermana también había estaba de visita, todo estaba en completa oscuridad, de pronto mis hermanos lograron visualizarse en la cama durmiendo, pero lo que más me desconcertó fue el olor a longaniza que emanaba de la estufa, mi madre se hallaba cocinando mi comida preferida y yo avance hacia a ella con total estupefacción, toda mi familia había viajado hasta aquí a verme, era un momento muy emotivo, cuándo me acerque a abrazar a mi madre, mis brazos no lograron tocar nada, la estufa estaba apagada, no había rastros de mi madre, con asombro mire a las camas a ver si estaban mis hermanos, ellos no estaban tampoco, con desesperación busque la figura de mi padre que veía el televisor y nada, por último busque a mi hermana gritándole para corroborar que estuviera en el baño, nada se escuchó, todo estaba en completa oscuridad, no sabía que había ocurrido, me arrodillé, me asusté, me desespere, tantos sentimientos me invadieron de súbito que no pude controlarlos, una lágrima recorrió mi rostro y fue ahí donde la puerta se abrió de par en par dejando ver a un gato negro que me veía con una expresión tosca y burlona, sin avisar, inicio una carcajada inverosímil, una carcajada siniestra, perturbadora, una carcajada diabólica, una carcajada que aún en las noches retumba en mi cabeza.
Terminé tirado en el piso abrazando una cobija con un miedo indescriptible, temblando y con una incógnita en mi cabeza. ¿Desde cuándo los gatos ríen a carcajadas?
Después de un tiempo, demasiado tiempo, fui buscando personas que hubieran experimentado casos similares a los míos, hasta la fecha, todas las personas no paran de reírse y de alabar mi gran creatividad, a veces, me hacen sentir realmente mal.
Pero no todos se burlaron de mí, en una convención de cristianos, conocí a una señora muy interesante, ella creyó en mí y me comentó que el Diablo adopta formas variadas para dañar a las personas, a ella se le apareció en la forma de un niño recién nacido con dentadura completa, la cuál uso para morderla, fue en Monterrey, Nuevo León, en una parada de camiones, su vivencia duró aproximadamente 4 cuadras, distancia en la cuál ese niño la persiguió; mientras me explicaba su caso, no pude evitar sonreír, ahora entendía porque las personas se reían de mí, curioso.
A pesar de nuestra diferencia en relación a religión, hicimos una amistad muy bonita, hasta el día en que descanso en paz, sus enseñanzas aún las llevo en mi mente y sus consejos, hasta el último de sus días, dedico toda su vida a ayudar a personas que habían tenido contacto con seres sobrenaturales, los invito a contar sus testimonios y les ofreció todo lo que estaba a su disposición, es una lástima que sus hijos no la valoraran como uno la valoro, era una señora entrañable, gracias a ella entendí que los problemas, no importa que tan difícil se vean, tienen solución, siempre y cuándo se tenga el apoyo, y se de el apoyo, por eso el mundo está así, cada quién se ocupa de sus problemas y no ayuda a nadie más. No tiene porque ser así.
El diablo es una término muy fuerte y juré jamás meterme en sus terrenos, pero una vez que experimenté esto, mi vida cambio de manera drástica, todo, incluso mi carrera sucumbió ante esto. Pero el diablo no apareció ante mí esa noche, el gato era la personificación de una criatura menos poderosa pero no por ello menos terrible.
Me reservo el nombre de este ser, ya que el solo pronunciar su nombre podría ser una invitación para invocarlo, este ente demoníaco es uno muy antiguo, con una clasificación importante en la mitología medieval, la presencia de él obedece a una adquisición clave, importante en el curso de la humanidad; es posible que no fuese yo el objetivo de esta criatura, tal vez lo sea mi mente, en relatos posteriores, iré develando el enigma, el cuál tiene que ver con una niña, el catalizador de una gran vorágine de eventos que gracias a Dios, se evito.

-No mueras, no mueras-
Esa voz apareció otra vez, toda mi piel aún se enchina ante esta frase.

miércoles, 14 de abril de 2010

El simbolismo del viaje en el tiempo


Por las mañanas, el levantarse era una tortura, el insomnio obligado lo hacía más tormentoso, aún así, las ganas de salir adelante es lo que siempre nos motiva a seguir. Mi levantamiento de la cama era cerca de las quinientas cuarenta y cinco horas, el ritual básico trataba de completarlo lo más pronto posible, casi nunca lo lograba, después de todo el proceso, me preparaba para ir a la universidad.
Antes de salir, había un pasillo por el cuál transladarse cuyo espacio era compartido por una casa en particular, una vivienda abandonada, sede de muchas historias sobrenaturales, habitada por duendes, espíritus y cosas misteriosas.
La vivienda era de uno de mis tíos, no con el que estaba viviendo, sino uno que había optado por vivir en Cadereyta Jiménez, N.L.
Debido a ciertas rencillas y discusiones en la familia, el ambiente se había apesadumbrado, los constantes roces de violencia verbal inundaban el ambiente con una energía negativa impresionante, algo se había engendrado debido a esa actividad, algo que había cobrado vida, cuál golem impulsado por lodo.
Mientras avanzaba hacia la calle, recordé la historia de una de mis tías acerca de que en las escaleras que llevan a la casa abandonada, se aparecía una figura triste y meláncolica que observaba a todo paseante, aunque en realidad, eran tantas las historias, como la de la muñeca que habían jurado se aparecía bajando las escaleras, la de los duendes que les jalaban las faldas a las primas o los que arrojaban piedras a los transeúntes, la casa ubicada en el segundo piso era la protagonista ideal de un digno cuento de terror, su derroída estampa sobresalía por mérito propio.
A mis pasos, le siguieron un sonido burlón, cuál si se tratase de una broma, alguien arremedaba todo el sonido que producía. Con molestia me detuve para encarar al osado que tuvo el atrevimiento de asemejar mis sonidos en tono de burla, pero para mi sorpresa, corroboré las historias que mis tías tanto contaban en una noche de café.
Al terminar la escalera, se encontraba un sujeto observandome, vestía un atuendo oscuro y sobresalía en el una caída de cabello traducidas en entradas, un aspecto deteriorado, unas ojeras producto de un insomnio abrumador y un perfil bufonesco.
Como en una mala película de ciencia ficción, me encontraba ante mí mismo en una especie de agujero dimensional. Con escepticismo observé a este doppelganger un largo rato, de pronto su voz aguardientosa me sugirió que pasaré lo que pasaré no me dejará vencer, -hay algo que cambiará tu existencia misma, solo debes...-.
Un zumbido ensordecedor nos sacudió a ambos, logré ver a mi doppelganger intentando gritarme algo, pero al parecer, una paradoja se crearía si me contará algo de mi futuro, además, segun entendí, los agujeros dimensionales no son longevos, son pequeñas fisuras que se extienden rápidamente sin control, afortunadamente, una serpiente se encarga de reparar esas mismas en el menor tiempo posible, una a la cuál tuve el honor de conocer.
De súbito, me invadieron imágenes sobre aquella casa, en ella me visualice en esa lúgubre casona con un montón de amigos, con grandes aventuras y con un sin fin de peligros, por alguna razón, absorbí los recuerdos de mi doppelganger y eso me sirvió para prevenir muchas desgracias que lograrían desestabilizar a la familia, pero cada acción me ganó mucho odio en ciertos familiares, pero lo asumí como las bajas en un batalla, hasta ahora, el precio por ese estímulo no lo conocía, pero más adelante, casi 6 años después, descubrí el precio por el que se tenía que pagar esas visiones.
El mismo día en que avance hacia esa visión, ese día en que yo estaba arriba de la escalera y me veía a mí mismo pasando por ese pasillo.
Como en el final de una película de serie B, todo se desvaneció, sin nadie a mi alrededor a quién contarle y con una atmósfera incierta, situación que aproveche para apurarme a llegar temprano a la universidad.
Durante mi camino, me preparé para el futuro, donde me veía en esa casa disfrutando de una nueva vida.
Al día siguiente, mientras mis padres llegaron de visita, me mudé a aquella tenebrosa casa donde protagonice las historias terroríficas mas alucinantes.
Una vez más, mi cerebro libraba una batalla más, la delgada línea entre el bien y el mal, entre la realidad y el folklor, entre la locura y la realidad, la cuál, se inclinaba a favor de la realidad, gracias a Dios.
Un agujero dimensional es un fenómeno que se caracteriza por ser una fisura temporal en el continuo espacio tiempo, generalmente un lugar que esta alterado, sus rasgos llegan a ser variados, desde leyes físicas corruptas, fenómenos inexplicables, aparición de doppelganger, los cuáles son erróneamente confundidos con aparición de espíritus.
El tema es por demás fascinante pero demasiado complejo, mis colaboradores me enviaron mucha información, pero la deseche por ser demasiada caótica, la teoría del caos no es muy alentadora y altera mis investigaciones propias, aún así agradezco el que me prestasen sus trabajos, espero algún día darles seguimiento, pero por ahora, lo que es del cesar, del cesar.

domingo, 11 de abril de 2010

La multitud detrás del anciano


De regreso a la bella ciudad de Tampico, Tams. Observe con detalle un caso muy curioso, durante mis travesías con mis amigos en el centro de la ciudad, había un anciano de apariencia impecable, cuya actitud tan amable lo destacaba de los transeúntes, su aspecto tan fébril, escondía un terrible secreto, uno que se llevará la tumba y el cuál nunca logré descifrar.

Era un día extremadamente caluroso, los habitantes de esa hermosa ciudad abarrotaban las calles en busca de nuevas oportunidades y de nuevas aventuras, en sus rostros se lograba observar una infinidad de emociones, la mayoría de ellas eran tan fáciles de describir. Mis amigos y yo caminabamos hacia nuestro lugar de reunión, el salón de las maquinitas, nuestro oasis en el medio de nuestro desierto social.

A pesar de ser universitarios, jóvenes y con buenos hábitos, el vicio es el vicio y cada quién escoge su manera de evadir la realidad o de pasar el tiempo, en nuestro caso, los videojuegos llenaron un vacío destinado al alcohol, las drogas y demás vicios dañinos; en ocasiones pensé que eramos unos completos ñoños, pero los denominados ñoños son unos cerebritos, personas extremadamente inteligentes, cosa que nunca fuimos, desafortunadamente.

Fue en uno de esos recorridos que a unos metros de mí note a una persona muy singular, detrás de él observe a casi 70 personas, todas con un semblante muy deteriorado, sus cuerpos dennotaban cansancio, pesadez, hambruna, en sus rostros se notaba una desesperación muy significativa, su fijación se centraba en aquél extraño anciano que mostraba una fébril sonrisa, un caminar muy pomposo y un aire de misterio.

Lo curioso es que nadie de mis amigos veía tal situación, intenté decirles, pero solo necesitaba un argumento de esta naturaleza para que me conviertiera en el entretenimiento del grupo por toda la carrera, aunque al final lo fui, fue por otras cosas y no por mi don extraño; después de mucho divagar, decidí callarme esa visión debido a no notarme sospechoso ante aquél individuo.

Antes de marcharme de ese lugar del centro, decidí dar una última mirada, las personas que seguían al anciano caminaban sin tropezar con nadie, a pesar de que las calles estaban llenas y apenas se podía caminar, ellos atravesaban sin el mas mínimo fastidio, esa fue la prueba de que solo yo lograba verlos, nadie más se percataba de su presencia.

Una niña que cargaba un morralito se alejo del grupo y se sentó a un lado del camino mientras esperaba a que siguieran al anciano, por un momento me miró y no dejo de observarme por unos minutos, al término de los cuáles se levanto para marcharse con el séquito.

El resto del día transcurrió enteramente normal, solo me quedé con la curiosidad de saber porque seguían a ese anciano y porque todos dennotaban odio y miedo hacia él.

Después de investigar acerca de sucesos paranormales, mitos y leyendas en textos antiguos, así como preguntar a familiares sobre lo acontencido, no obtuve respuesta alguna, fue 4 años después que descubri un caso parecido en el cuál un séquito de personajes abrumados y calavericos seguián a una anciana, esto se debía a que la anciana era una bruja que practicaba magia negra y con sus habilidades asesino a muchas personas y desquicio a muchos más hasta llevarlos a la locura, como castigo, esta persona tendría que vivir con todas sus víctimas hasta que muriese, y aún despúes de la muerte iba a tener que sufrir asediada por ellos hasta el día del juicio final.
Este caso lo descubrí gracias a una amiga que era practicante de la WICCA, una secta que obedece a la naturaleza como su deidad suprema. Ella fue parte importante en varias de mis dudas, sin ella no hubiera logrado comprender mi extraño don, el cuál no me reconocía como un medium, sino como un caso insólito de puente entre este mundo y el otro, algo tan torcido que en su tiempo sacudió por completo mi realidad.

Al final, la locura y la realidad se mezclaban cuál bebida de martini: agitados, más no revueltos.

lunes, 22 de marzo de 2010

La sombra justiciera o más bien macabra


Monterrey es una de las ciudades más bellas en las que he tenido el placer de caminar, en cierta ocasión, al ir al centro de la ciudad me percate de algo que muy pocos ponen atención, fue algo muy desconcertante que hasta la fecha no he podido entender, he aquí los hechos.

Me dirigía hacia el subterráneo para abordar el metro cuándo de pronto, observe a distancia a un sujeto muy sospechoso, con seguridad deduje que era un carterista, muy hábil, logró despojar a 4 personas de sus carteras sin siquiera notarlo, todo un maestro en este hábito. Antes de poder siquiera desviarme de su camino o de toparmelo y detenerlo, algo muy extraño aconteció.
Lo que parecía una sombra pequeña avanzó rápidamente hacia el carterista y antes de que esté lo notara, lo sujetó de un brazo y lo arrastró hacia la gente, lo curioso de este acto fue que avanzaban hacia un soporte, de por lo menos 20 centímetros de grueso, conforme avanzaban, el carterista estaba aterrado pero nadie le prestaba atención, la sombra lo guiaba hacia el soporte y mientras avanzaban se perdían detrás del poste, con escepticismo mire como del otro extremo del soporte se desvanecían, como si desaparecieran al entrar detrás de él, lo más extraño fue que el carterista se aferro con una de sus manos al poste, después de meditarlo, avance hacia la escena, mire con atención el poste y logre ver parte de los dedos del carterista pero lo demás no estaba, lo más enigmático era que los dedos se movían, se aferraban a ese soporte y yo no podía dar crédito a lo que veía, es como si la sombra se lo hubiera tragado, pero solo sus dedos eran visibles, intenté decirselo a alguien pero las demás personas evitaban todo contacto, con razón les robaban sus carteras tan fácil. En cuestión de minutos, los dedos fueron perdiendo fuerza y ante mí mirada tan fija desaparecieron, nadie más lo vio, estoy seguro que los únicos que podrían apoyarme serían las cámaras de seguridad, pero nunca encontré una excusa lo suficientemente buena para que accedieran a dejarme corroborarlo, sea lo que fuese.

Escuche ciertas historias acerca de un ente conocido como el bulto negro, una especie de sombra que se arrastra y se pierde en los rincones más imposibles, mis contactos aseguran que es una especie de duende, tal vez un demonio, uno cuyo interés se basa en la sexualidad del ser humano.
Aún bajo con temor las escaleras del metro y cuándo lo hago, no puedo evitar mirar a todas partes, esa cosa, ese bulto negro, aún sigue ahí y desaparece personas sin que nadie se percate.

viernes, 19 de febrero de 2010

El despistado fumador eterno


Por las calles de cualquier ciudad en el mundo, los ecos inmortales de la humanidad se refugian a trávez del tiempo, pequeños monumentos sonoros que nos recuerdan a cada instante que dejamos rastros, pequeños fragmentos de historia.
Después de un extraño semestre en la universidad, todos los alumnos corrían a sus hogares, como si nuestra alma matter fuera un suplicio, algo maligno, una especie de cárcel, un lugar al que asisitíamos en contra de nuestra voluntad. Después de ser reprendido por mis tíos por haberme desaparecido toda una noche, yo también huía a mi hogar en Cadereyta Jiménez.
Aún pretendía explicarme a mí mismo que había sufrido una alucinación, debido al estado de shock en el que quedé después de haber sido asaltado, pero a la vez, empezaba a admirar todo lo que me rodeaba,la sensación de haberme sentido como un perro mistíco me obligaban a meditar en mi salud mental, aún siento la belleza de un mundo oculto a los sentidos comúnes de un ser humano.
El trayecto hacia mi ciudad natal sucedió sin incidentes, esta vez, ninguna criatura fue arrollada por el autobus, mucho menos sufrí las alucinaciones de este fenómeno, todo en esta ocasión fue normal.
El arribo aconteció a las cuatro mil trescientas horas, todos los pasajeros bostezaban al unísono, como si se tratara de una rutina de la cuál yo no sincronizaba, era algo hilarante, cuál si se tratara de una coreografía Bollywoodesca, bonita, pero exótica. Primero empezaban los de atrás, sucesivamente, en cada asiento se repetía la escena, lástima que al final, todos se levantaban y empezaba la violencia, los empujones prosperaban, las miradas de enojo y la lucha por ser de los primeros en salir, era algo fuera de lugar.
Después de sobrevivir a la escenita clásica del autobus incivilizado, me dirigía hacia mi hogar.
Sin vehículos para transportarme, decidí caminar hasta mi destino, a pesar de mi somnolencia.
Cadereyta Jiménez, Nuevo León es una ciudad pequeña, sede de una de las petrolíferas del país, con apenas un número considerado de habitantes, brilla en el mapa por su compañía petrolera.
Muchos de los habitantes de esta ciudad son originarios de ciudad Madero, Tamaulipas, otros de Tampico.
Conocido como Madereyta, este lugar es bonito y acogedor, hace no tantos años, la gente aún era buena y honesta,la vida era soportable y un sentimiento de bienestar aun se dejaba recorrer por los vientos recios de este desierto retirado.
Al caminar hacia mi colonia, advertí a un sujeto a lo lejos, en una curva donde la luz es devorada, tal vez algún despistado o algún ebrio que lograra darme problemas.
Caminé hacia él y al acercarme, no sentí negatividad, el sujeto solo esperaba, tal vez a algún familiar o a un amigo.
De pronto, me divisó y me miró por un momento prolongado, como si quisiera o no quisiera algo de mí, después de un buen rato, solo me observo molesto.
-No deberías caminar por aquí a estas horas-. Su tono de voz era pausado, como si se cansara al articular 3 palabras.
Sin contestarle, me pase de largo y estaba a punto de irme, pero algo me detuvo, a veces pienso que fue curiosidad, aunque lo más probable es que era su silueta, la cuál se perdía entre las sombras y se mecía al compás del viento, como una camiseta tendida que se mueve azarosa ante el viento.
No era un persona, o más bien lo era hace ya mucho tiempo, pero ya no más.
-Tu puedes verme e incluso sentirme, necesito que me ayudes, espero una mujer, de nombre Elvira, ella y yo planeamos huir de este pueblo, se supone que debíamos vernos en 3 horas, pero ya se tardó y aún no hay nadie que me de fuego para mí cigarro-.
En su momento fue aterrador, sentí como mis vellos en todo mi cuerpo se enchinaron, pero ahora que lo relato, la excitación de ese momento, se quedó en esa curva.
Estaba ante una leyenda urbana que dejaba de serlo, la leyenda del fumador.
Años antes, se hablaba de un espectro que se aparecía en una callejuela oscura, el aparecido en cuestión, solía aparecer ante cualquier traúnseunte y pedirle fuego para su cigarro, desafortunadamente, si alguien lo complacía, al encender su cigarro, esta luminiscencia dejaba ver al rostro descarnado y lúgubre de un espíritu maldito del cuál se decía era el mismo Diablo en persona. La historia de este personaje se pierde en los chismes propagados y alterados de la ciudad.
Unas personas afirman que era un asesino que mató a toda una familia y fue castigado por el demonio y ahora se dedica a espantar a todo el cristiano que aparezca por ahí.
Otras fuentes no fidedignas hacen constar que era un fumador que esperaba a sus amigos para empezar una juerga y fue atropellado por una camioneta a exceso de velocidad justo cuándo apenas encendía su cigarro.
Hay cerca de 75 versiones diferentes, todas con un elemento en común, la del fumador, tal vez lo único que en realidad lo define.
Con nervios de acero lo escuché. No todas las historias de fantasmas son brutales o malvadas, durante mis posteriores encuentros con seres espírituales descubrí que la comprensión y la piedad fueron una variable constante.
A tantos años de ese encuentro, aún no encuentro información de lo que le sucedió al despistado fumador, en esta ciudad no existen registros, ni archivos que me llevarán a la localización, identificación o siquiera los datos de una defunción en tal lugar, al parecer jamás podré darle paz a la aparición de este despistado fumador, cuyo único pecado fue él de confiar en una mujer.
No escribí la historia personal de la aparición en su totalidad debido a daños a terceros, supongo que es algo que me llevaré a la tumba también, aunque se siente mal saber que no dispongo de muchas herramientas en lo absoluto, se que algún día podré encontrar la clave para que el fumador por fin descanse y que deje en paz a todo aquél que entré en su espacio y se atreva a encender su cigarro.
Desde esa ocasión, los temas de lo sobrenatural, fueron intrigantemente compañeros íntimos para la comprensión de mi don, un don corrupto y dañado, una tragedia convertida en don.

lunes, 25 de enero de 2010

Los traviesos juegos de los niños fugaces


El clima es un tema por demás entretenido y un buen motivo de debate, durante mi estancia en Tampico, saboree con gusto los climas tan amigables que nos ofrecía, aunque el calor era intenso y debido a la humedad uno se derretía constantemente, en tiempo de frío era realmente soportable, a diferencia de mi ciudad natal: Monterrey, cuyo clima es realmente extremoso.

Uno de los principales atractivos turísticos de Tampico, son sus majestuosas playas, curiosamente, Tampico no posee esta ventaja , está se ubica dentro de los límites de ciudad Madero, en el mismo Estado aunque a la gente no le importa, para todo el Estado de México, la playa se ubica en Tampico.

Un año se va y otro sobresale con el horizonte, las personas celebran en demasía, el alcohol brota cuál cascada en perpetuidad, corroiendo venas, arterias, dañando neuronas y debilitando el organismo huesped en cada visita, su presencia libera, deshinibe, desconcierta e incluso cesa toda actividad por períodos cortos; a la gente no le importa, este elixir les causa placer, es más que nada una necesidad y una costumbre, Dios mismo sabe que la costumbre siempre es más fuerte que incluso ese sentimiento tan sobrevalorado conocido como amor.

Un nuevo semestre inicia y me obliga a regresar a mi alma matter. Una hermosa mujer aparece de súbito en mi rango de visión, su fina estampa me obliga a seguirla con la mirada, después de unos minutos, mi curiosidad desaparece.

Con el boleto en mi mano, me apresuro a abordar el camión que me llevará a la ciudad de Tampico, mis familiares me ven partir, ambos sabemos que no hay necesidad de mostrar tristeza, en 6 meses regresaré, para bien o para mal, pese a quién le pese.

Al depositar mi humanidad en el asiento designado, para mi sorpresa, aquella mujer hermosa que había visto en alguna ocasión por el centro de Cadereyta Jiménez, adornaba el asiento a mi lado, su expresión al reconocerme, fue tal vez la de un recuerdo vago sin ninguna expectación, mi estancia durante el trayecto fue placentera, verla dormir en posición fetal fue lindo, pero lo más excepcional fue cuándo me sugirió que mi hombro le sirviera de almohada, aunque claro, fue algo incómodo, mis impulsos de macho buscaban una oportunidad para poder salir fúricamente y llevar a cabo sus necesidades fisiológicas, pero mi autocontrol era imponente, aprovecharme de una mujer para saciar mis instintos era algo realmente inaceptable, ya había tenido oportunidades así, pero gracias a mi autocontrol, gané grandes amigas, además, mis amigas, al ver lo mucho que las respetaba, tarde o temprano terminaban por aceptarme; las mujeres no son para nada misteriosas, tratalas bien, cuidalas, respetalas pero nunca para aceptar algo a cambio, ellas conocen y distinguen a quiénes les quieren hacer daño, saben en quién confiar y solo se entregan a la persona a la que admiran y respetan. Durante el trayecto, vagamente, tuve algunas reminiscencias de algo que había experimentado en mi anterior viaje; la mujer que caía suavemente en mi hombro se acurrucaba plácidamente, su rostro me recordaba a una mujer asiática, durante unos instantes logré visualizar un hilito de baba de sus labios y antes de que lograra acomodarme, la expresión de la criatura que se me apareció semanas antes surgió de súbito, no grité, ni siquiera me moví, mis reflejos no reaccionaron, pero un extraño hedor emergió desde lo más profundo de mi estomágo. Mientras me reincorporaba, la hermosa mujer subía sus piernas a mis muslos. El resto del camino fue tranquilo, pero evite mirar la hermosa cara de esa mujer.

A mi arribo a la ciudad de Tampico, las calles apagadas y secas de la ciudad me daban la bienvenida, mis familiares me recomendaban que pagara un taxi hacia la casa de mis tíos, pero estaba muy cerca de la central, así que sin dudarlo me encaminé por una avenida conocida hacia mi destino.

Generalmente, este tipo de lugares era muy conflictivo, ya que individuos solían consumir sustancias psicotrópicas y gustaban de asaltar a cuánto transeúnte se atreviera a transitar por sus territorios; es curioso, cuál perros delimitando su territorio, los humanos repetimos conductas y patrones dignos de animales, ya que a fin de cuentas, pertenecemos a su clasificación, es por demás relevante que la manera en que evolucionamos genera una desevolución en ecosistemas y hábitats, es supongo, nuestra naturaleza.

Después de mi travesía por esas calles, un merecido descanso en casa de mis tíos era necesario.
Una vez más, todo volvía a su cauce; de una manera un tanto torcida. Inscripciones, estres, reunirse con los compañeros, estres, batallar con los maestros por materias empalmadas, estres, conocer a gente nueva, estres; la universidad poco a poco se convirtió en un lugar imprescindible en mi vida, no es que fuera un cerebrito, la verdad es que pase tanto tiempo en ella que la lllegue a considerar mi hogar.

Durante mis horarios de clase, logre juntar un grupo de amigos que hasta la fecha se mantiene unido, con algunas bajas claro, pero seguimos en contacto, por respeto a mis conocidos, solo los nombraré por sus apodos o por los sobrenombres que les asigné, espero que mis amigos no se sientan ofendidos por formar parte de mi serie de relatos; ya que ellos desconfiaron de mis historias debido a mi personalidad nerviosa y tímida y a mis historias increíbles, aún así, jamás les recriminé el que no me creyeran, lo único que me negaron, era el desahogo; platicar de sucesos personales con otra persona sirve para desahogar penas, culpas y malentendidos, si nuestro receptor interactúa ofreciendonós una solución o aunque sea una humilde opinión, es motivo suficiente para relajarse y dejar de preocuparse, muchos traumas a priori aparecen de esta manera; por tal razón los psicológos son tan necesarios.

Durante mi estancia en Tampico, conocí a un secuaz peculiar, su apodo era algo atípico, pero, supongo, poseía cierta connotación positiva. Su sobrenombre es el "Quick" y su impresionante personalidad me salvo de una posible vida aburrida en este puerto jaibo.

No falto en mi séquito el tipo que aseguraba ser todo un casanova, su personalidad era atractiva, todo un amo en el arte de la palabrería, su sobrenombre: el "Ranma".

En apariciones espóntaneas, surgía un amigo de toda la vida, lo conocí en Cadereyta y desde entonces formamos un lazo de amistad muy poderoso, juntos protagonizamos algunas aventuras, al saludarlo me recordaba mi hogar, él es de esos amigos que aparecen de súbito y se quedan toda la vida, amigos como él no aparecen a menudo, su presencia augura buenos tiempos.

No podía faltar una mujer en mi grupo, ofrezco disculpas por no mencionarla al principio, ya que ella fue la primera persona en conversar conmigo en esta casa de estudios, su belleza era simple, nada superficial, ni exagerada, sobresalía su nariz que, aunque juraba, no tenía nada de peculiar, mis amigos perjuraban que era su rasgo más caricaturezco. Al principio, sentí un ligero impulso de atracción hacia ella, que luego desapareció para volverse en un sentimiento de hermandad, ella fue como una hermana, aunque no socializamos de una manera frecuente, mis escasos encuentros con ella eran lindos, aunque solía minimizar mis emociones y disimularlos, ella sospechaba que su presencia alimentaba mi alma. Su sobrenombre es "Maxi".
Maxi, solía juntarse con otras 2 amigas, por tal razón se autodenominaban las chicas superpoderosas en memoria a una serie de dibujos animados protagonizado por tres niñas.

En la universidad se hallaba un familiar, ella fue la que me recomendó la carrera en ese agradable lugar, mi prima. Juntos cursamos toda la carrera en la que desafortunadamente, yo me rezague durante unos años mientras ella salió en la temporada exacta, muchas de mis amistades y familiares lo vieron como una competencia entre nosotros, un signo de triunfo para ella y una derrota para mí, la verdad esconde un terrible secreto que aún no he podido revelar, uno que me limita a vivir la vida con cautela, ella me obligó sin desearlo a conocer ciertos aspectos duros, díficiles y desconocidos para mí, no me refiero a materia de fenómenos sobrenaturales, sino a fenómenos sociales en lugares conflictivos, a veces me gustaría culparla por involucrarme en estas situaciones, pero ella lo más probable es que desconozca los hechos, lo cierto es que sus constantes roces con delincuentes me ocasionaron intervenciones que hasta la fecha aún recuerdo con pesimismo, afortundamente salí de eso, pero las secuelas aún no desaparecen de mi mente, mi cuerpo sanó, pero mi espíritu aún busca encontrar paz y calma, su traición es una herida que arde cada vez que me la recuerdan, espero que algún día logre encontrar su camino, no la culpo en lo absoluto, solo me mantengo al margen, para ella, solo soy un familiar terco, molesto, autoritario y pesado, para mí es preferible mantener la distancia, ya conocí los riesgos que implican relacionarse con ella, pero supongo que mi error fue intentar cuidarla, ella jamás me necesitó y cuándo nadie te invita, para que entras.

Una mujer más aparecía ante mí, mi compañera ideal, mi amiga de aventuras y locuras, aquella persona que entro poco a poco a mi vida. "Margot" es una mujer especial. Bonita, buena estudiante, excelente amiga y con una personalidad tan amable; las palabras para describirla faltarían.
Era la típica compañera con la cuál todos querían conversar, y también ligar, pero ella ya contaba con su galán. Tal vez no era la mujer más hermosa de Tampico, de hecho no era hermosa, pero tenía un extraño imán para las personas, una extraña combinación de personalidad y un ligero asomo de belleza complementaban su status.
La mayoría de mi sequito intentó por muchas formas conquistarla, pero su corazón ya tenía un dueño, muchos ignoraron esa característica, lo cuál causo estragos emocionales leves, daño orgullos y le bajo la autoestima a unos más. Yo me aparte, la inteligencia fue y siempre ha sido mi fuerte, en estos casos, la paciencia era una virtud, una que me ayudó a soportar muchas horas tediosas, muchos eventos sufribles y muchas esperas longevas. Después de muchos años, Margot y yo comprobamos que todo, hasta el amor y la amistad, termina por corroerse; jamás logré explicarle mis actos excéntricos, supongo que todo terminó de pronto dejando heridas abiertas, con una atmósfera de incertidumbre y un enorme hueco que hasta la fecha sigue vacío.

El "Beto"y la "Clau", fueron también parte de mi sequito, pero como no los frecuenté demasiado, su participación en mis relatos será un tanto escasa; otro miembro activo fue el "Homerito", un compañero allegado a mi prima y cuya personalidad brillaba como el oro, un fuereño en todo el término de la palabra, al igual que el ranma, y su servidor, optamos por una oportunidad lejos de nuestras ciudades en un arrojo de aventura, un viaje de conocimiento y una lección de vida.
Homerito poseía conocimientos interesantes, gustaba de acampar al aire libre, buscar testimonios de la cultura huasteca, tenía interés en el tema de lo sobrenatural y ya poseía sus propias vivencias, era todo un estuche de sorpresas; conforme paso el tiempo, mucha de su vasta experiencia me contagió y me ayudó a entender que hay muchas cosas que el hombre aún desconoce y que no es posible explicarlas mediante procedimientos científicos.
Me rodee de personalidades tan fascinantes y poseedores de habilidades excepcionales, hubo ocasiones en que no me sentía parte de ellos, agradezco a la vida por facilitarme amigos tan sorprendentes, con el tiempo, arribaron más y con personalidades y habilidades por demás extraordinarias, pero en su momento los incluiré en orden cronológico.

Soportar las tediosas horas finales del día era digno de un trofeo, muy pocos las soportaban, por tal razón, las ultimas horas en la universidad asemejaba a un desierto.

En la casa de mis tíos, la mascota respondía a un cocker spanish color marrón, su nombre era un tanto afeminado para un perro, demasiado. Pinki, era la palabra a la cuál este canino respondía, a pesar de ser una raza pequeña, débil y nada amenazante, este ejemplar en especial era una excepción a su raza, su andar inquietante y sus hábitos extraños no sospechaban la verdadera fiera que resultaba. Ni siquiera un perro dobberman sería tan éficaz como el.

La noche avanzaba rápidamente sobre nuestras cabezas, el sueño nos cubría con aplomo, pero en esa casa había algo inquietante, algo que estaba a punto de descubrir.

Desde esa noche no pude volver a dormir con los focos apagados, aunque me tachen y me señalen de cobarde, hay una poderosa razón por la cuál aún no duermo hasta cerciorarme de que hay por lo menos un halo de luz que cubra gran parte de mi espacio. He aquí los hechos.

Eran las doscientas horas cuando dormitaba levemente en el dormitorio que amablemente mis tíos me proporcionaron, el cuarto era cómodo y su espacio era suficiente para albergar mis objetos personales, me proporcionaba una privacidad merecida y también me hizo saber que incluso los lugares más seguros escondían secretos tan profundos como los de un pozo petrolero.

La puerta que apartaba mi habitación de las de mi familia estaba perfectamente realizada, mi tío es un gran carpintero, el solo realizó la mayoría de los muebles de la casa, su ocio era impresionante, se convirtió en una maestro en este arte. Esa noche, una intensa ráfaga de viento entro por una ventana abierta que desembocó una estampida de ropa, utensilios personales y objetos pequeños. Con toda la seguridad del mundo, me levante a recoger todo el desorden, pero debido a la hora mejor pensé en hacerlo al empezar el día, así transcurrió una hora, en la cuál aconteció algo inexplicable. Un ambiente raro imperó en la habitación, la puerta se golpeaba una y otra vez y yo aún vacilaba en cerrarla por completo, después de unos minutos la puerta se detuvo dejando espacio a un silencio sepulcral, uno que anunciaba un evento peculiar.
Una ligera, apenas perceptible y audible sonrisa, hizo acto de aparición, era la de un niño; con normalidad, pensé, que era uno de mis sobrinos, ya que uno de ellos dormía al lado de mi cuarto, pero al levantarme y observar, mis ojos se quedaron perplejos. Ante mí, se encontraba lo que parecía un niño, pero no completo, era como una imagen borrrosa, como un holograma muy vago al cuál le faltaba la mitad, se visualizaba de la cintura hacia arriba, en medio de una lluvia de chispas empezó a materializarse otro niño más, su presencia enrareció el ambiente de una manera más recia, con una actitud estática logré ver una aparición más, pero está era más simple, después del espéctaculo de luces, unos piecitos regordetes empezaron a caminar por todo el cuarto, en total, eran tres entes parecidos a niños, sus movimientos eran tan fugaces que parecía que desaparecían, avanzaban de una manera muy películesca, por 20 minutos me quedé atónito, observando las travesuras de estos pequeños entes, una vez más, las trescientas horas eran el horario ideal para fenómenos de esta clase.
Conforme pasaba el tiempo, me acostumbraba a sus andanzas, sus jugueteos, a veces, se detenían para mirarme fijamente, luego, solo corrían sin sentido, no producían ruido, el único sonido que causaban era el resultado de las cosas que tiraban, después de unos minutos empecé a reírme, en cierta parte era divertido verlos jugar, una sensación de bienestar invadía toda la habitación, de pronto me sentía tan lleno de vida, como si también me convirtiera en uno de ellos, la sensación era placentera. El tiempo transcurría y los niños seguían divirtiendosé, hasta ahora, todo transcurrió en una experiencia diferente, pero pronto todo se invirtió de manera muy violenta.
Uno de los entes se paro enfrente de mí y los demás le siguieron, las patitas regordetas no dejaban de bailar mientras me rodeaban, por momentos contuve mis emociones y de un momento a otro uno de ellos me dijo algo que hasta le fecha me provoca escalofríos.

-¿Quieres jugar con nosotros?, ven, será divertido-.

Mi respuesta tardó en aparecer, al final, solo los miré divertido mientras rotaba mi cabeza en señal de que los negaba, eso fue suficiente para ellos.

De repente mi cuerpo empezó a pesarme, caí bruscamente en la cama y sentí a alguien arriba de mí; algo parecido a la expresión: "se te subió el muerto" . Con una agitada desesperación intenté reincorporarme pero mi cuerpo no me respondía, ni siquiera me reaccionaba, mientras enfrentaba esta terrible sensación, algo subía por mis piernas lentamente, no era algo físico ni tangible, era una corriente de aire helado que recorría mi cuerpo serpenteandosé, era algo aterrador, algo horrible, una situación incomodísima, la desesperación de esperar a que aquello se asomara a mi rango de visión para poder encararlo me mataban de la angustia, era algo ajeno a los escritos que había leído, no era una representación fiel.
Pronto, el aire helado se situó en mi rostro y una forma apenas reconocible hizo acto de presencia. En ese entonces casi me infarto de ver esa cosa, pero después recordé que lo que apareció era una versión mucho más bizarra de la niña que apareció en la película el exorcista, con la lengua larga y asquerosa como elemento gratuito.
Según mis investigaciones, esta clase de seres adopta temores del subconsciente de la víctima en cuestión, logrando así su logro inminente, pocas personas sobreviven para contarlo, las que sucumben ante estos entes, son confundidos como suicidas, relacionados con infartos y en la mayoría de los casos nunca logran ser resueltos.
Su pregunta era insistente, en ese entonces no entendía su connotación, pero tiempo después descubrí que esta pregunta era una invitación forzada a un destino incierto, lo único verídico y factible es que todas las personas que aceptaban la invitación, en ese instante, cesaban todas su funciones vitales.
En el aspecto científico, encontré unos escritos de un francés que proponía una teoría en la cuál los fenómenos de esta naturaleza son en realidad párasitos, algo similiar a las amibas o la asquerosisíma solitaria, alimentandosé de nuestro organismo como un simbiote y controlando poco a poco al organismo huésped, esta teoría surgío gracias al estudio en un manicomio ubicado en los extremos de la capital francesa, como redactaba el libro, la mayoría de los pacientes presentaban síntomas incorrectos y dudosos, por lo tanto, se les sometió a rigurosos exámenes que consisitieron en analísis de fluídos, radiografías y escanners cerebrales.
El resultado final desembocó en el descubrimiento de un párasito que se adhería a uno de los lóbulos del cerebro descargando información y asimiliando el organismo residente, tomando control de sus funciones, esto daba rienda suelta a ataques del paciente, comportamientos violentos, conducta inapropiada, que según el estudio eran los intentos del párasito por tomar control total del individuo, al final el intruso perdía total control del paciente y lo dejaba en completo estado catatónico, en estado vegetativo o con las funciones motoras del organismo dañadas. El escrito, lo conseguí al igual que los demás, en tiendas con material de remate, la mayoría de mis libros más valiosos así los encontre, en alguna ocasión mostraré una lista de mi colección particular, por ahora, enfoquemónos en nuestro relato.
Ya sometido, desesperado y completamente asustado, vacilé en cuanto a su insistente pregunta, la tortura que me realizaba comenzaba a hacerme ceder, en una situación así., ¿que es lo primero que se le enseña a un ferviente católico?.
La religión es un tema por demás delicado y muy frágil, naciones enteras han sido convertidas en cenizas debido a este tema tan imponente, afortundamente, el catolicismo es mi manera de vida.
Rezar, rezar y rezar una vez más; la fe es indiscutiblemente un objeto de estudio aún inclasificable, la fe realiza cosas increíbles, libera demonios, cura enfermos y logra crear que una madre detenga un camión en plena marcha, uno que estaba a punto de aplastar a su primogénito; pero aquí es donde se mezclan dos conceptos, la fe y la adrenalina, los cuáles, como veremos en otro relato, ambos van de la mano.
Misteriosamente, la corriente de aire se detiene, deja de enroscarse en mi cuello y comienza su descenso mientras me susurra palabras indescifrables, su control sobre mí cesa, poco a poco recupero mis funciónes motoras y en un parpadeo todo termina, tengo miedo y grito el primer nombre que me viene a la mente: -¡Dios, gracias, te debo la vida!-.
Un completo sentimiento de soledad invade mi persona, aunque al lado de mi cuarto moran muchos familiares, despertarlos no es un opción, en un arranque de voluntad me levanto y cierro la puerta, no sin antes prender las luces, tengo miedo, lo reconozco, sea lo sea que haya sido esa cosa, se robo mis ganas de dormir por las noches, desde entonces, no puedo dormir, solo duermo por las mañanas, esto me ha generado muchos malestares y el molesto cacareo de mis familiares que no vacilan en burlarse de mis malos hábitos, a escasos 8 años del incidente, aún no puedo dormir, solo dormito cierto tiempo por las noches, la luz del día se ha convertido en mi sabána por el momento y la luz que me proporciona mi luminaria en el cuarto, mi boleto a la tranquilidad.
La investigación culminó en la caza de este fenómeno conocido con el nombre clave de "Chemeques" o "Duendes", seres fascinantes, protagonistas de casi todas las culturas conocidas, su leyenda los clasifica en categorías muy grotescas, la mayoría de ellos fueron niños en su momento, generalmente sin bautizar o asesinados de una forma horrible o también al morir, no asimilian que estan muertos y deambulan en los lugares que habitaron, esta clase de metamorfosis paranormal representa un paradigma de la ciencia, ya que no se ha podido comprobar, pero hay testimonios y testigos de este tipo de fenómenos.
Después de este suceso, al poco tiempo me mude con mis abuelos, donde los inquilinos son numerosos, pero ni siquiera en grupo, mis encuentros místicos cesaron.
Para mis amigos, yo trataba siempre de demostrar que no le temía a estos fenómenos, pero tengo que admitir que hay cosas en las que incluso el ser más valiente retrocedería.
 
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