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viernes, 19 de febrero de 2010

El despistado fumador eterno


Por las calles de cualquier ciudad en el mundo, los ecos inmortales de la humanidad se refugian a trávez del tiempo, pequeños monumentos sonoros que nos recuerdan a cada instante que dejamos rastros, pequeños fragmentos de historia.
Después de un extraño semestre en la universidad, todos los alumnos corrían a sus hogares, como si nuestra alma matter fuera un suplicio, algo maligno, una especie de cárcel, un lugar al que asisitíamos en contra de nuestra voluntad. Después de ser reprendido por mis tíos por haberme desaparecido toda una noche, yo también huía a mi hogar en Cadereyta Jiménez.
Aún pretendía explicarme a mí mismo que había sufrido una alucinación, debido al estado de shock en el que quedé después de haber sido asaltado, pero a la vez, empezaba a admirar todo lo que me rodeaba,la sensación de haberme sentido como un perro mistíco me obligaban a meditar en mi salud mental, aún siento la belleza de un mundo oculto a los sentidos comúnes de un ser humano.
El trayecto hacia mi ciudad natal sucedió sin incidentes, esta vez, ninguna criatura fue arrollada por el autobus, mucho menos sufrí las alucinaciones de este fenómeno, todo en esta ocasión fue normal.
El arribo aconteció a las cuatro mil trescientas horas, todos los pasajeros bostezaban al unísono, como si se tratara de una rutina de la cuál yo no sincronizaba, era algo hilarante, cuál si se tratara de una coreografía Bollywoodesca, bonita, pero exótica. Primero empezaban los de atrás, sucesivamente, en cada asiento se repetía la escena, lástima que al final, todos se levantaban y empezaba la violencia, los empujones prosperaban, las miradas de enojo y la lucha por ser de los primeros en salir, era algo fuera de lugar.
Después de sobrevivir a la escenita clásica del autobus incivilizado, me dirigía hacia mi hogar.
Sin vehículos para transportarme, decidí caminar hasta mi destino, a pesar de mi somnolencia.
Cadereyta Jiménez, Nuevo León es una ciudad pequeña, sede de una de las petrolíferas del país, con apenas un número considerado de habitantes, brilla en el mapa por su compañía petrolera.
Muchos de los habitantes de esta ciudad son originarios de ciudad Madero, Tamaulipas, otros de Tampico.
Conocido como Madereyta, este lugar es bonito y acogedor, hace no tantos años, la gente aún era buena y honesta,la vida era soportable y un sentimiento de bienestar aun se dejaba recorrer por los vientos recios de este desierto retirado.
Al caminar hacia mi colonia, advertí a un sujeto a lo lejos, en una curva donde la luz es devorada, tal vez algún despistado o algún ebrio que lograra darme problemas.
Caminé hacia él y al acercarme, no sentí negatividad, el sujeto solo esperaba, tal vez a algún familiar o a un amigo.
De pronto, me divisó y me miró por un momento prolongado, como si quisiera o no quisiera algo de mí, después de un buen rato, solo me observo molesto.
-No deberías caminar por aquí a estas horas-. Su tono de voz era pausado, como si se cansara al articular 3 palabras.
Sin contestarle, me pase de largo y estaba a punto de irme, pero algo me detuvo, a veces pienso que fue curiosidad, aunque lo más probable es que era su silueta, la cuál se perdía entre las sombras y se mecía al compás del viento, como una camiseta tendida que se mueve azarosa ante el viento.
No era un persona, o más bien lo era hace ya mucho tiempo, pero ya no más.
-Tu puedes verme e incluso sentirme, necesito que me ayudes, espero una mujer, de nombre Elvira, ella y yo planeamos huir de este pueblo, se supone que debíamos vernos en 3 horas, pero ya se tardó y aún no hay nadie que me de fuego para mí cigarro-.
En su momento fue aterrador, sentí como mis vellos en todo mi cuerpo se enchinaron, pero ahora que lo relato, la excitación de ese momento, se quedó en esa curva.
Estaba ante una leyenda urbana que dejaba de serlo, la leyenda del fumador.
Años antes, se hablaba de un espectro que se aparecía en una callejuela oscura, el aparecido en cuestión, solía aparecer ante cualquier traúnseunte y pedirle fuego para su cigarro, desafortunadamente, si alguien lo complacía, al encender su cigarro, esta luminiscencia dejaba ver al rostro descarnado y lúgubre de un espíritu maldito del cuál se decía era el mismo Diablo en persona. La historia de este personaje se pierde en los chismes propagados y alterados de la ciudad.
Unas personas afirman que era un asesino que mató a toda una familia y fue castigado por el demonio y ahora se dedica a espantar a todo el cristiano que aparezca por ahí.
Otras fuentes no fidedignas hacen constar que era un fumador que esperaba a sus amigos para empezar una juerga y fue atropellado por una camioneta a exceso de velocidad justo cuándo apenas encendía su cigarro.
Hay cerca de 75 versiones diferentes, todas con un elemento en común, la del fumador, tal vez lo único que en realidad lo define.
Con nervios de acero lo escuché. No todas las historias de fantasmas son brutales o malvadas, durante mis posteriores encuentros con seres espírituales descubrí que la comprensión y la piedad fueron una variable constante.
A tantos años de ese encuentro, aún no encuentro información de lo que le sucedió al despistado fumador, en esta ciudad no existen registros, ni archivos que me llevarán a la localización, identificación o siquiera los datos de una defunción en tal lugar, al parecer jamás podré darle paz a la aparición de este despistado fumador, cuyo único pecado fue él de confiar en una mujer.
No escribí la historia personal de la aparición en su totalidad debido a daños a terceros, supongo que es algo que me llevaré a la tumba también, aunque se siente mal saber que no dispongo de muchas herramientas en lo absoluto, se que algún día podré encontrar la clave para que el fumador por fin descanse y que deje en paz a todo aquél que entré en su espacio y se atreva a encender su cigarro.
Desde esa ocasión, los temas de lo sobrenatural, fueron intrigantemente compañeros íntimos para la comprensión de mi don, un don corrupto y dañado, una tragedia convertida en don.

1 comentario:

Basiliskus dijo...

IIíií- ñññooooorrr!!

Haha, que bueno y bonito fue leer aunque sea un poco sobre ese mi tan estimado antiguo Cadereyta.
Al ver el título del post, creí que ibas a relatar a algún camarada de allá o de Tampico. (Como el Kenny, jehe).
Pero ya entrando en líneas (de texto) recordé un poco que tanto tú como Carlos me habían platicado de ese ente.
Sí, ya lo recuerdo, aunque no me llegó a llamar tanto la atención como el caso del hombre que se puso lagañas de perro en los ojos para poder ver a los espíritus errantes.
También, no se si recuerdes a un tipo, (que yo sí llegué a ver, y todos en la cuadra), del cuál decían que se aparecía cada 100 años, y que andaba errante por el mundo, que sabía muchos idiomas, y que carecía completamente de posesiones materiales.
Caray, vaya folklór que se aventaba aquél místico Cadereyta de ese entonces, eh?
Te creo completamente, en Cadereyta también llegué a experimentar en carne y conciencia propia muchos fenomenos "paranormales", Sería el calor, los gases tóxicos de refinería, el inconciente colectivo, el super desarrollo de la imaginación, por no contar con cable ni internet, será el sereno, pero sí, doy fé y crédito a lo que escribes, sobre lo que solía pasar por allá.
Saludos canijo, ahorita me conecto al msn a ver si te encuentro. Por cierto, ¿Cómo vas con tus ilustraciones demonológicas?

 
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