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sábado, 25 de diciembre de 2010

LA HERMOSA MUJER DE LA PLAYA

Aún tengo presente en mi memoria esa ocasión en que gracias a un sueño previne un evento trágico, uno que amenazaba la vida de toda una familia, una familia a la que yo aprecio mucho.

Desde mis inicios, en el semestre de la universidad siempre pensé en buscar a una compañera, alguien que me distrajera del mundo, que logrará desviar mi atención de los terribles momentos en los que yo ahora navegaba, necesitaba una droga, algo parecido a una botella de alcohol, algo que me alejara de este planeta y me mantuviera cuerdo.

Hubo varias mujeres que lograron penetrar mi duro casco de confianza, pero la mayoría no tenían ese aditamento especial, esas hermosas cualidades que yo buscaba desde hacía tiempo, necesitaba algo que lograra centrarme en mi objetivo, en mi búsqueda de conocimiento, en mi viacrucis ocasional. Estuve ligado a una chica, la cuál me enseño que existen sustancias más poderosas incluso que las malditas drogas, las feromonas, que mezcladas, constituyen uno de los más eficaces elixires. Todo mundo tiene un vicio, es parte de nuestras necesidades, los hay muy tóxicos, muy ligeros, muy peligrosos, muy adecuados, nos ayudan a mantenernos en vigilia, despiertos, pero si dejamos que nos controlen, entonces las cosas se tornan como un cielo anaranjado.

Durante las clases, tenía a un gran amigo, llamado rudolf, el ranma, buen compañero, un ícono y a la vez, un cliche, el típico amigo galán de nuestro círculo, nuestro propio "Gordolfo Gelatino" (gordolfo gelatino es un personaje cómico interpretado por un duo de comediantes llamados los polivoces en los años setenta, este personaje en particular, se jactaba de ser el humano más bello del cosmos, acompañado de su cabecita de algodón, su madre, juntos protagonizaban las más sicódelicas aventuras en una hora inolvidable de la televisión mexicana).

En ocasiones, los relatos de sus aventuras eran tan disparatados (auchh, me mordí la lengua, o el dedo según el caso)y a la vez, tan interesantes. Poseía una confianza impresionante, tenía un gran talento para el diseño, pero su vida de soltero pachanguero wapachoso terminaba por retrasarlo en sus estudios.

Aunque no era el prototipo del estandar de galán de la época, era nuestro amigo y por ende, nuestro representante digno en cuánto a este giro de los cliches. Con el tiempo, vivió numerosas aventuras, pero, esa es su historia y jamás podría contarla.

Ranma fue mi compañero en varios grupos de trabajo en la universidad, el fue un buen respaldo en mis momentos de depresión, es una lástima que jamás hayamos ido de cacería juntos, en esos momentos, mi autoestima estaba tan baja que prefería enfocarme en mi carrera y mis familias. Aún así, varias de sus locuras me ayudaron a salir bien librado de muchos eventos desafortunados.

No era de mi agrado ir a la playa de día, durante la noche la playa adquiría un status místico, placentero, irreal, fantasioso; pero tenía que tomar unas fotos para un trabajo universitario, fue en ese preciso momento cuando logre ver a una de las mujeres más hermosas que haya visto en mi vida. Sus ojos pequeños, rasgados, su rostro tan fino, su cuerpo tan perfecto, no pude evitar quedarme todo lelo al contemplarla, después de un rato vertiendo agua de mar en una vasija, se devolvió a la espesura, en donde fue perdiéndose poco a poco.

Con cautela la seguí, al principio fue por diversión, pero en cuanto vi como las ramas se abrían a su paso, sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.

Pasaron semanas para volver a verla, en la siguiente ocasión, la observe cuándo salía de una tienda, esta vez, sus ojos se cruzaron conmigo y una mueca de asco apareció en su cara, mientras se marchaba y se perdía entre el mar de gente.

Después de cierto tiempo, fui cerca de la playa a tomar fotos de las dunas doradas, un cúmulo de arena que en ese entonces no era terreno privado,la noche era genial, la brisa, el ambiente, se respiraba una vibra impresionante, pero todo se esfumo, cuándo vi a esa hermosa mujer perderse una vez más en la maleza, con detenimiento, la seguí, había tantas preguntas que hacerle, además, necesitaba un pretexto para abordarla y preguntarle su nombre, aunque me despreciara.

Al principio, no entendí si la seguía por morbo, o porque realmente mis intenciones eran malsanas, caminaba casi embelesado, atraído como una mosca a un foco radiante; me recordó mi encuentro con el tahur en el centro de Tampico, ese ser tan repugnante y a la vez tan impresionante.

La seguí por espacio de quinientos kilómetros, al término de este, se divisaba una pequeña casucha derruida, me escondí entre los arbustos y me dispuse a observar a esa mujer tan hermosa, a su encuentro, aparecieron otras 4 mujeres igual de hermosas, en momentos me preguntaba a mí mismo, porque realmente la había seguido y no encontraba respuesta, es muy bonita esa mujer, pero que realmente me tenía atento a ella.

Antes de acomodarme, una de las mujeres me miró y con un gesto, una ráfaga de aire avanzó hacia mí, todos los arbustos junto a mí se abrieron y un miedo paralizador me atrapo, con un dolor inmenso en el pecho, con mis piernas tambaleándose, con sudor frío en mis manos intenté huir, al siquiera pensarlo, algo me arrojó a veinte metros hacia mi izquierda, aún recuerdo como mi cara topó con la tierra dura y fría.

Al reincorporarme, me decía a mi mismo, para no perder la cordura y recuperar mi estabilidad, que todo puede ser explicado, debía controlar mi miedo, porque al no hacerlo, incluso, mi cuerpo colapsaría en un ataque de pánico, llegando a tal estado, estaría a merced de cualquiera que estuviera cerca de mí.

mi cuerpo temblaba, mi mandíbula, sentía mi cuerpo contorsionarse involuntariamente, después de unos minutos, logre tranquilizarme para después ver a las mujeres acercarse a mí, al verificar que me había tranquilizado, una de ellas se inclinó en la maleza, le siguió otra y las demás avanzaban hacia mí, después de analizar mi situación, supe que merecía lo que pasara, por acechador, aunque no entendía porque seguí exactamente a la mujer, empezaba a sospechar, de pronto, en la maleza, logré ver a dos coyotes corriendo, uno era gris y el otro color cobrizo y en sus ojos la expresión terminó por convencerme que no estaba en una situación lógica, intenté correr pero los arboles a mi alrededor se agitaban golpeándome con sus ramas, un sonido espantoso de viento con dirección siniestra me distraía de mis planes, pensé en 12 maneras de salir de la situación, es una lastima que ninguno de ellos me serviría, uno de los coyotes logró darme alcance, sus dientes reclamaban mi cuello, otro de los coyotes me tapó mi única vía de escape.

Antes de ser engullido por los coyotes, noté que las mujeres que se agacharon en la maleza no se veían por ningún lugar.
¿Realmente, esas mujeres hermosas se habían transformado en coyotes?

Algo me sujetó de los pies y me alzó por los aires, caí a unos cuantos metros solo para continuar con un calvario, fui arrastrado por algo que no alcanzaba a ver, mi cuerpo quedó tan maltrecho, no sentía mis costillas, mis brazos estaban tan adoloridos, mis ojos veían como si tuviera un filtro de vidrio quebrado, todo era tan confuso, una vez más era levantado y azotado contra el suelo, fui arrastrado en varias ocasiones, mi sangre era estaba tan tibia, que solo quería que terminaran conmigo rápidamente.

Recobraba el conocimiento en ratitos, solo para sentir una vez más como me usaban como muñeco de trapo, escuchaba sus risas, mujeres humillando a un hombre, arrojándolo, destruyéndole los huesos, una venganza de género, una dulce madrugada de ocio para 5 hermosas mujeres.

Después de un rato, empiezo a vomitar sangre y veo a un señor con un morral y con un cinto de cuero, ataviado en un color muy puro, el blanco, mientras aporrea con el cinto a las mujeres, una mujer corre desesperadamente y es alcanzada con un azote del cinto por lo que brinca y alcanza una altura incomprensible, encendiéndose en llamas, y elevándose aún más, las otras mujeres realizan el mismo procedimiento.

Las mujeres que arden en llamas se desplazan por todo el lugar, en un espectáculo perturbador, lo curioso es que las llamas no tienen el característico sonido de las brasas ardiendo, ni su sensación de calor, son, como podría describirlo, como efectos especiales mudos.

El personaje de blanco empieza a rezar y al hacerlo, una por una, las mujeres caen estrepitosamente hacia el suelo, al caer, son recibidas por azotes del cinto del sujeto de blanco, sus gritos helarían de miedo a cualquier ser humano, a todos menos a ese extraño personaje.

Desperté en una casa muy bien adornada, con mis heridas vendadas y una niña mirándome fijamente, sobreviví a un episodio más en mi currículo de andanzas muy extrañas, en mis viajes de lo sobrenatural.

Esta vez, milagrosamente, sobreviví a un ataque de esos seres milenarios del folclor mundial, conocidas como "Las Brujas".

1 comentario:

Piedra dijo...

ains, necesito la dirección del hombre de blanco, que conozco a mas de una de esas. :)

 
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