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viernes, 22 de enero de 2010

El extraño incidente con un tahur


Al noreste de la ciudad de México, se encuentra una ciudad por demás singular, una ciudad cuya vida nocturna ondea como una serpiente en el desierto, dejando salir de su escondrijo a infinidad de criaturas nocturnas cuya voluntad se pierde en los ecos secos de esta metropoli porteña.
Le llaman Tampico, Tamaulipas, el "puerto jaibo".
Curiosamente, camine muchos de sus senderos, solo que no los habituales, Tampico es una ciudad rica en recursos, en materia de fenomenos paranormales, me refiero a sucesos extraordinarios, durante mi estancia, conocí a un sinfin de personajes que rayaron desde lo más absurdo a lo más siniestro.
Esta es una recopilación de mi cruzada entre la delgada línea que divide a la ciencia y el folklor, en la cuál no tarde en dudar y a la vez comprender, aunque en ocasiones aún me pregunto que fue folklor y que realidad, los hechos aún ensordecen mis sentidos.

Durante la noche del 22 de febrero del año 2002, empece a asimilar las costumbres arraigadas de ciertos compañeros de escuela, al principio me parecía tan fascinante la vida nocturna de la ciudad, tal como me la contaban, aunque desconfiaba de ciertos individuos, en esos años tenía la inquietud de vivir la "vida loca", de un muchacho claro está.

Al llegar a la ciudad me quede con familiares, mis recorridos oscilaban de la colonia tolteca, cerca de la laguna de carpintero; un lugar turístico de la zona, hacia la colonia tancol.
Esa misma noche decidí ir a conocer el centro de esta ciudad, pero más exactamente los bares que se escondian en lo más profundo de la ciudad, aquellos situados en el lugar al que denominaban el círculo.
Eran las mil cien horas cuándo arribe al lugar destinado, al principio, note las miradas penetrantes que caían sobre mí, lás cuáles se desvanecián al paso, cuál si emulara a una jungla, todos estaban cazando algo, observando a los más débiles para, en el momento preciso, asaltarlo, golpearlo o en el peor de los casos, violarlo; la ciudad de Tampico por las noches se convertia en una pasarela interminable de personas con modales raros, personas que se abrazan con personajes de su mismo sexo; supongo que así es en todas las ciudades, sin embargo, aquí era un verdadero libre albedrío.

Después de esquivar a algunas personas detestables, soportar el hedor a agrio y rancio de la turba, por fin me decidí a rondar cerca de la zona de prostitutas, es increíble el número de mujeres que se prestan a este oficio tan antiguo, no solo la cantidad sino la variedad, sorprende la manera en la que impunemente abordan las calles para prestar sus servicios.

Durante mis quejicos pensamientos, centre mi atención en un bar, más bien una cantina, una donde sacaron a patadas a 3 individuos; la escena fue hilarante, a final de cuentas, a quién no le divierte un borracho; después de tan divertida escena, me decidi a entrar, la zona de las prostitutas me causo tanta tristeza; aún siendo un hombre; las mujeres son personas, no objetos, supongo que a veces, se hace lo que se puede por sobrevivir, es la naturaleza de todo ser viviente. Dentro de la cantina, observe a mi alrededor, buscando posibles amenazas y problemas, después de unos minutos me senti seguro.

Salir con los amigos no era una opción, para mi, esto era nuevo, a pesar de contar con 19 años, siempre me mantuve al margen de estas actividades sociales, es mi naturaleza desconfiar de las personas hasta que me prueben que son de fiar, por tal razón, mis amistades eran limitadas,
necesitaba salir y experimentar por mi propia cuenta, para poder avanzar socialmente, una idea estupida y a la vez coherente.

-¡Una cerveza! - grito con entusiasmo un individuo pintoresco, su voz ronca en conjunto con su apariencia desaliñada lo hacian sobresalir de entre todos sus compañeros.
Tal vez sea el destino, aún no lo descifro, pero de entre todos los presentes, hubo alguien que atrajo mi atención por completo.

Era un tipo muy anticuado, usaba un sombrero vaquero, una especie de zarape, pantalones de franela y sandalias, sobresalia una inmensa sonrisa, donde sus dientes amarillos lastimaban la vista. Por instantes, senti la necesidad de ir hacia él, sentia un impulso impresionante de transladarme hacia su mesa, aunque desconocia el porqué; ya que realmente no lo deseaba; yo solo necesitaba estar en su mesa, antes de levantarme logre observar que sacaba de un morral diversos artículos, entre estos se hallaba una baraja de cartas de poker, un juego de dominó, unos dados y un cubilete, mientras los depositaba en la mesa, sonreía a más no poder, un escalofrío recorrió toda mi espina dorsal, algo estaba mal, algo realmente malo inundaba el ambiente.
Mientras los demás se ocupaban de lo suyo, el sujeto del sombrero se preparaba para jugar con alguien, mientras mi impulso me ordenaba ir hacia él, mire con ahínco el dominó;jamás había tenido la oportunidad de jugarlo, era un ocio extremadamente lejano para mis preferencias; y como si hubiera leido mi mente, lo dejo en la mesa y guardo los demás artículos.
Jamás podré olvidar su mirada, -lo cuál era extraño-, su sombrero oscurecía por completo su rostro, más aún así podía sentir su mirada, destellante, fulminante, segura, como la de un cazador cuándo acorrala a su presa.

Antes de que siquiera razonará el porqué necesitaba estar en su mesa, mi cuerpo me dirigia automaticamente hacia él; como si fuese un zombie, o más bien un robot; no tarde mucho en incorporarme en su mesa, al estar frente a él, no dude en preguntarle su nombre, pero solo un gruñido emergió.
Con gran alegría me regalo una sonrisa, y empezó a revolver el dominó rápidamente, al observarlo detenidamente note que escondia bajo su zarape unos inmensos brazos tan gruesos como un tronco, y sus manos asemejaban a las de un pordiosero, sus uñas sobresalian en demasía, era todo un estuche de monerías.

No comprendía las reglas del juego y mi anfitrión no mostraba signos de enseñarme, lo cuál me hizo preguntarme, ¿que estamos apostando?; siempre fui muy directo; en este juego particularmente había notado que se suele apostar, ¿que exactamente me estaba jugando?
Mi respuesta llego después de iniciado el juego; una niña con un vestido blanco, desgarrado, se coloco junto a mí, me miraba un poco consternada y sin decir una palabra fue por un borracho de los que abundaban en la cantina, lo trajo de la mano, mientras el acompañante tambaleaba de un lado hacia el otro, al llegar ante mí, tomo una silla y me miró, la niña lo agarraba de la mano, lo cuál no acababa de comprender.

Cuándo el sujeto del sombrero me indicaba que jugará, no dude en tirar las piezas que poseía, su sonrisa cada vez más intensa emanaba un tono siniestro, algo que el borracho sentado junto a mí tradujo:
-¡Te pasas de tonto!-. Como es posible que juegues a algo en lo que no entiendes y desconoces, y peor aún, apostando tu alma...
En el momento que terminó no tardé en mostrar mi expresión de idiota asustado, ¿mi alma?, estabamos jugando por mi alma?, pero, ¡que clase de broma era esta!
Lo más raro del asunto era que no entendia bien la situación, desde el momento en que entre a esta cantina senti cierta inquietud en el aire, después de soltar una carcajada mire al sujeto del sombrero y este respondió mi mirada con su peculiar sonrisa; como es posible que en pleno siglo XXI aún existan este tipo de términos, la época medieval se acabo hace muchos pero muchos años.
Después de realizar mis movimientos en el dominó le pregunte al borracho que hacía una niña en una cantina, su respuesta me sorprendió; él, era la niña, me lo dijo sin vacilar, era interesante la situación en la que estaba, apostando mi alma ante un tahur anticuado, asesorado por una niña que se comunicaba a trávez de un borracho, -si, sonaba algo retorcido, como el guión de una película de terror mexicana, algo kitsch-.

Conforme avanzaba la noche los clientes llegaban y se marchaban, era algo estresante y mi rival en el dominó no cesaba de reír, sea lo que sea que apostabamos ya lo consideraba suyo.
Muchas cosas no quedaban claras...
...Mi nombre es Jesús Antonio Rocha Pecina y en ese entonces tenía 19 años, sin novia, estudiante de la Licenciatura de Diseño Gráfico en la universidad autónoma de Tamaulipas, moreno, delgado, pálido, todo un soñador, más común que corriente y aún no descubría los fantasmas de la vida.
Observando a mi rival, el señor "sujeto del sombrero", noté una botellita muy singular, en ella podía observar una marca que me resulto familiar, "El dictado de Ayala".

5 años antes de mi odisea por Tampico, leí acerca de un tema interesante, "Los Tratados del Gran Señor del Bosque; un libro de aproximadamente 500 páginas sobre brujería y temas esótericos; la razón de haberlo leído obedecía a una clase que nos obligaba a leer para fomentar la lectura, en dicho documento; que era de Europa, en español gallego, recorde un capítulo que hablaba de un perfume que rociado en ciertos espacios podía atraer a mujeres, hombres o presas y que además los inutilizaba dejandolós aptos para todo tipo de vejación, si más no recuerdo, su nombre distintivo era "El Dictado de Ayala".

Si bien era cierto o no, decidí retar a mi rival, -a cambio de lo que sea que estemos apostando, quiero tu botellita, es lo que deseo de ti-, le grité impetuosamente.

La niña que tomaba de la mano al borracho me miró sorpresivamente y acto seguido solto a su embriagado amigo para dirigirse hacia el sujeto del sombrero, este desapareció su sonrisa bruscamente. La niña del vestido blanco, desgarrado escondía un violín en su espalda, uno cuyas cuerdas en apariencia se veian viejas, desgastadas, como si alguien los tocara durante años con mucho cuidado y a la vez freneticamente.

Después de observarse mutuamente, la niña se dirige hacia mí y me toma de la mano, sacandome de esa cantina, mientras me dirijo hacia la salida, observo que todos estan tan ocupados en sus asuntos, que podrían matar a alguien ahí y nadie se daria cuenta.

Mientras me lleva de la mano la niña, me pide que pase lo que pase no voltee, y que ni por dinero vuelva a ese lugar, en ese lugar pululan criaturas que ni la sociedad se atreve a nombrar, esa noche sobreviví a mi primer encuentro con lo sobrenatural, en mi bitácora anote el nombre del personaje al cuál conocí, un Nahual. Al poco tiempo investigue sobre el folklor de estas criaturas, son hechiceros de los antiguos, la ultima vez que se les nombró fue antes del 1714, famosos por sus curas milagrosas y sus hábitos alimenticios, solían caminar por las noches envueltos en pieles de lobos y tenían la facultad de transmigrar en ellos, gustaban de alimentarse de niñas principalmente, pero también de viajeros perdidos, a los cuáles atraían mediante aromas místicos, ellos se decián devoradores de almas, lo cuál curiosamente atribuían a la carne humana el don del alma, el recipiente por el cuál se vertía, este acto de devorar almas lograba revitalizar mente, cuerpo y espíritu y los dotaba de habilidades más agudas.
Justo antes de perderme en un mar de gente, le hice varias preguntas a la niña.

-Porqué dejo de jugar el señor del sombrero conmigo si ya iba ganando-, ¿porque le mencione la botellita? o ¿porqué tú se lo pediste?

La niña se detuvo y me miró con un ademán de ternura y me contesto:
-El hizo trampa, los de su clase saben que pueden alimentarse de los humanos siempre y cuándo estos pierdan en sus juegos o sean derrotados en un deporte sin ventaja, en cuanto a deporte me refiero a una actividad en la que los humanos dominen, de lo contrario violarían una ley elemental de la naturaleza-.

-El hizo trampa al atraerte a su juego, tu no sabías jugar, el te engaño como se engañaría a un presa indefensa-.

-Esos trucos baratos provocan caos y un desequilibrio elemental; el castigo por usar artimañas de esa clase es cerrarle la puerta al nirvana y condenarlo al colocar a los de su clase bajo supervisión-.

Me quede un poco aturdido ante tal respuesta, una persona como yo esperaba algo así como:
-Se irá al infierno por sus pecados y será quemado en las llamas del infierno-, o -irá a casa de sus tíos y olerá todos los zapatos de la familia por toda la eternidad-, -eso me provocaría más miedo-.
Justo antes de soltarme, le pregunte quién era, su respuesta aún sigo analizandola, después de todo, quién se imaginariá que una niña con un vestidito desgarrado y un violín en su espalda se autonombre Baraquiel; un nombre díficil de digerir y entender.

Al salir de las zonas más atestadas no pude evitar sentir un sentimiento de alivio, sobreviví a una noche de juerga por demás extraña, gracias a una niña muy especial, una que pulula las calles más peligrosas de la ciudad y que al saber que estaba a salvo en casa de mi tíos me susurro por un oído: "No mueras".

Llegue a eso de las 6 de la mañana del siguiente día, mi excusa, quedarme en casa de los amigos, supongo que le basto a mis tíos, y me auguro una tarde plácida donde el sueño prevaleció.

"No mueras", aún la escucho por las noches.

El extraño incidente con un tahur, concluyó en una investigación sobre estos fascinantes seres llamados Nahuales cuya leyenda y testimonios sobreviven hasta nuestros días vía abuelos y personajes singulares que han tenido contacto y/o han sobrevivido a éstos, en poblaciones alejadas como la Sierra Madre Oriental, partes de Chihuahua y Chiapas, algunas partes de Veracruz y al parecer en una cantina muy conocida en lo más profundo del centro de la ciudad de Tampico, Tams.

Caso 1: El extraño incidente con un tahur, es una obra basada en hechos reales complementados con una intensa investigación, el autor da fe de los hechos pero advierte que no se hace responsable de malos entendimientos del mismo, así mismo pone a su disposición toda la investigación para que usted lea, se entretenga y comparta sus opiniones, dudas o sugerencias a este su blog.

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